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EL ESPECTÁCULO ESTÁ EN LA PASARELA

Estamos en plena temporada de desfiles, ese momento del año en el que las grandes capitales de la moda —Nueva York, Londres, Milán y París— se convierten en escenario de las nuevas propuestas de diseñadores y firmas. Pasarelas, presentaciones y eventos llenan estas ciudades de creatividad, prensa internacional y amantes de la moda, que acuden para descubrir las colecciones que marcarán el ritmo de la industria.


Como cada año, en torno a estas ciudades se celebran cuatro grandes citas centradas exclusivamente en la moda femenina: Alta Costura de verano en enero, Prêt-à-porter de otoño/invierno en marzo, Alta Costura de invierno en julio y Prêt-à-porter de primavera/verano en septiembre. En torno a estos eventos se genera una enorme expectación mediática e internacional. Y no solo eso: durante estos días, el sistema moda tiene un fuerte impacto económico en el consumo y los servicios de estas ciudades —restauración, transporte, comercio— que reciben a miles de personas atraídas por este espectáculo.

Pero entonces, ¿qué hay realmente detrás de cada desfile? ¿Qué importancia tiene un desfile de moda y qué impacto puede tener para una marca y su entorno?


A lo largo de mi etapa como estudiante de diseño y ahora, ya como diseñadora, me he encontrado una y otra vez con la misma duda entre quienes no están familiarizados con la industria: “No entiendo los desfiles. ¿Por qué muestran prendas tan raras si luego eso no se vende en las tiendas? Nadie va por la calle vestido así.”

Siempre sonrío, porque entiendo que, sin conocer cómo funciona esta industria, puede parecer incomprensible. Por eso decidí escribir este artículo: para explicar cuál es el sentido de un desfile y por qué es tan importante.

En inglés, a los desfiles se les llama fashion show, y no es casual. Son verdaderos espectáculos visuales, donde cada marca construye su propio universo. Los desfiles buscan llamar la atención, hacer ruido, quedarse en la memoria del público. Por eso, hay una diferencia clara entre lo que se muestra en pasarela y lo que después se pone a la venta.

Lo que importa no es vender esa prenda concreta del desfile, sino transmitir una imagen de marca, un concepto potente y reconocible que despierte deseo. Esa estética impactante que vemos en pasarela volverá meses después a través de editoriales, revistas y redes sociales, alimentando el imaginario del público. Y entonces, las versiones adaptadas (más ponibles y accesibles) llegarán a las tiendas.


En definitiva, un desfile es una herramienta clave de comunicación: no vende directamente, pero sí genera recuerdo, deseo y posicionamiento. La moda, al fin y al cabo, sigue siendo una poderosa industria creativa y económica que mueve millones allá donde va.

Espero que, tras leer este post, la próxima vez que veas un desfile puedas entender un poco mejor por qué los diseñadores presentan “esas prendas tan raras”. Si te ha gustado, no dudes en compartirlo y dejar tu opinión en comentarios. ¡La moda también se entiende!



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