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¿A DÓNDE VA LA ROPA QUE DEVOLVEMOS?

Tras la vorágine de compras generada por el Black Friday del pasado fin de semana, es posible que algunas no cumplan con nuestras expectativas iniciales. Quizás simplemente aprovechaste estos descuentos de origen estadounidense (ya tan arraigados) para tus compras navideñas; de ser así, seguramente, a la larga, algunos de esos regalos también se convertirán en devoluciones. ¿Y qué pasa con los artículos que devolvemos? ¡Hablemos de ello!


La respuesta lógica sería volver a la tienda, pero la realidad es mucho más compleja y controvertida, especialmente en el caso del comercio electrónico. Entre los asiduos a las compras online, existe un método conocido como bracketing shopping, una práctica que consiste en comprar varias tallas y colores de la misma prenda para probársela en casa y luego devolver lo que no te gusta. No es casualidad que millones de personas repitan el mismo patrón de consumo: las tiendas y las marcas se han educado en él durante décadas sin darse cuenta de que está contribuyendo a que la industria de la moda sea aún más perjudicial. Además, las devoluciones gratuitas, al igual que los gastos de envío, se han convertido en un argumento de compra impulsiva.

¿Qué ocurre entonces con la prenda devuelta? Analizaremos su recorrido desde el punto de devolución hasta el almacén. Para empezar, tendrá que volver, con el consiguiente consumo de combustible. Una vez en el almacén, se verifica que la prenda coincida físicamente con la del pedido y, por otro lado, se comprueba su estado físico. Si este es correcto, se devuelve al stock de la empresa para su posterior venta en la web o en cualquiera de las tiendas de la marca.


De esta forma, se estima que un alto porcentaje de prendas nunca regresan al mercado. ¿Las causas? Por un lado, el feroz ciclo de la moda, que hace muy probable que ese bolso comprado el Black Friday y devuelto después de Navidad ya haya caducado para cuando esté listo para volver a venderse; o porque no compensan todas las contraprestaciones necesarias para dejar la prenda como nueva, así como los gastos que esto supone para la marca. La gestión de las devoluciones genera tantas pérdidas que, en ocasiones, incluso ofrecen la devolución del precio del producto, pero sin recibirlo de vuelta. O, en el mejor de los casos, estas prendas terminan en tiendas de descuento o como donaciones benéficas.


En conclusión, realizar tantas compras impulsivas solo genera más residuos textiles y un mayor impacto ambiental. Un tema que también se debatió en la cumbre climática COP26 celebrada en Glasgow en noviembre de 2021. A partir de los próximos años, las marcas de moda empezarán a ser penalizadas por generar residuos, una acción que afectará a los compradores. Por lo tanto, eduquémonos ahora para modificar nuestros hábitos de compra.

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